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domingo, 4 de septiembre de 2011

En recuerdo de David, Daimer y miguel - Niños de Boecillo

Llevo meses de silencio en este blog, y unas cuantas semanas pensando en romperlo y volver por aquí. Varios son los asuntos sobre los que tenía previsto escribir, pero hoy encontré el texto que definitivamente me animó a salir de la pereza. Precioso, sencillo y contundente, confieso que no pude dejar de llorar mientras el Jaws me lo leía. Gracias a las mujeres que conocieron a estos seres humanos y se decidieron a escribirles esta carta de despedida. Ojalá después de esto nadie se atreva a justificar asesinatos por compasión, ¿con que pretexto alguien puede juzgar y determinar que una vida que no le pertenece no es digna de ser vivida?




CARTA EN VUESTRO RECUERDO

Hablamos de “niños discapacitados”, parece nombre y apellido, cuando en realidad lo que nos hace iguales es que todos somos “seres humanos”. Al igual que el resto de niños ellos también poseían unas características que les hacía especiales y por ello lo único que pretendemos es rendirles un homenaje y que no perduren las discapacidades severas que presentaban sino un poquito de la personalidad de cada uno.

M.A.S.C. (14 años). Eras el dueño de la casa, el que más tiempo llevabas y eso lo notábamos nada más verte por la sonrisa que nos dedicabas y nos indicabas con el dedo “bienvenidos a mi hogar”. Estabas en plena adolescencia y nos reíamos con tus flirteos con las chicas del gimnasio y con tu ídolo de adolescencia Hanna Montana, aunque a veces te salía el niño que llevabas dentro y nos pedías que te pusiéramos una película de Winnie de Pooh. Nos has hecho luchar muchísimo para que ganaras en autonomía pero el esfuerzo realizado mereció la pena por la cantidad de progresos que conseguiste. Siempre nos quedará en el recuerdo cómo masticabas las patatas fritas y los gusanitos teniendo en cuenta que te nos alimentabas a purés.

D.E.Q. (9 años). ¡¡Nuestro bombón de Chocolate!!, que llenabas la casa con tus carcajadas. Siempre con la música de aquí para allá para que no nos montaras el “pollo” mientras comías, o cantandote todo el repertorio de Miliki para que no nos “manipularas con tus pucheros” cuando el puré no era de tu agrado. Siempre nos quedará en nuestro recuerdo los besos que nos dabas sacando la lengua.

D.G.C. (3 años). Nuestro príncipe, el pequeño de la casa que se nos estaba haciendo ya muy grande. Con tus ojos y tus sonrisas de medio lado nos tenías a todas locas. Como buen goloso, el chocolate era tu pasión. Estabas aprendiendo a dar abrazos y besos aunque algún mordisco que otro nos hemos llevado. Siempre quedará en nuestro recuerdo cómo nos buscabas las manos para agarrarnos un dedo y que no nos escapáramos de tu lado.

Nunca hemos sentido compasión por vosotros sino que cada día nos enseñabais una nueva lección de vida. A través de la lucha, la superación y las ganas de vivir demostrabais que la discapacidad no era una barrera para alcanzar la felicidad. Erais felices y nos hacíais felices. Gracias por habernos dejado compartir vuestra corta vida con nosotras.

Hasta siempre.

Ahora la cruda y terrible realidad, ¿cómo es posible que esto no se publique a los cuatro vientos? Es posible que sean Mecanismos y funcionamientos a los que estamos habituados en muchos ámbitoss, quizá, como en otras circunstancias, por habituales, hemos llegado a normalizarlos y ya no nos sorprenden:
Tragedia e irregularidades en centro de acogida

¿Cuántas muertes más?
por Javier Romañach:




3 comentarios:

María dijo...

gracias por difundir la carta. Hoy hace 4 meses que nuestros niños se marcharon, las personas como yo que tuvimos la fortuna de recibir sus sonrisas día a día nunca olvidaremos lo felices que fueron y todo lo que eran capaces de enseñarnos. Gracias otra vez.

María dijo...

gracias por difundir la carta. Hoy hace 4 meses que nuestros niños se marcharon, las personas como yo que tuvimos la fortuna de recibir sus sonrisas día a día nunca olvidaremos lo felices que fueron y todo lo que eran capaces de enseñarnos. Gracias otra vez.

María dijo...

gracias por difundir la carta. Hoy hace 4 meses que nuestros niños se marcharon, las personas como yo que tuvimos la fortuna de recibir sus sonrisas día a día nunca olvidaremos lo felices que fueron y todo lo que eran capaces de enseñarnos. Gracias otra vez.